Claro de luna. Notas al piano. Reconozco el lugar… Su olor, su color, o la ausencia de este, los recuerdos que evoca. Avanzo por sus pasillos. Los hospitales son lugares horribles, a pesar de los rostros amables.
Tras atravesarlo encuentro un balcón. Desde allí se ve Bilbao, rodeado de montes. Es curioso, Bilbao se ve espantoso cuando lo miras desde la quinta planta del hospital de Santa Marina. Lo recuerdo bien. Los golpes al cerrar las puertas, su significado. El desconsuelo. La agonía de quien espera. La contradictoria sensación de querer que todo acabe, pero no… El dolor. Llorar a escondidas. Una y otra vez.
No creo que seamos parientes muy cercanos, pero si usted es capaz de temblar de indignación cada vez que se comete una injusticia en el mundo, somos compañerxs, que es más importante.
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sábado, 20 de abril de 2013
miércoles, 16 de junio de 2010
Escaner de una mente alienada

Tengo hambre. Números. Me ha crugido el estomago... ¿Se habrán dado cuenta?
Resistencia a la deformación. Coeficientes de Lamé. Pero qué ganas de follar.
Sigue lloviendo, mierda. Fluidos incompresibles. ¿Incomprensibles? Hace días que no hago nada lúdico, joder. Condiciones de compatibilidad. ¿Qué cojones significa todo esto? Formulación. Un cunnilingus ahora no estaría de más... ¿Por qué las vigas no tienen números cuánticos? Dios mio, estoy volviendome loca. Necesito chocolate. ¿Estado de spin? O un buen polvo... Lo que sea. Fuerza crítica para que se produzca pandeo... Me están matando estos subindices. Y mañana otra vez. ¿Cuanto queda para la hora de la cena?
jueves, 14 de mayo de 2009
en el autobus

Me he tomado la libertad de hacerlo,
de llorar sin un motivo concreto,
de espaldas al mundo, recostada sobre la puerta,
aislada solo a medias, en unos baños destartalados.
Necesitaba repetir el ejercicio de observar en silencio,
el goteo de las lágrimas resbalando por la nariz, cayendo al suelo.
Puede que quiera volver mañana, tal vez, ahora mismo.
Será por eso que intento esconder mi angustia, el llanto,
garabateando durante un trayecto de autobús.
sábado, 2 de mayo de 2009
Le desordre c'est moi
domingo, 21 de diciembre de 2008
Más autocomplacencia

(Discurso-mitin de agradecimiento)
Quería hacer incapie en la importancia de que nosotras, las mujeres, hagamos arte. Decía Gabriel Celaya que la poesía es un arma cargada de futuro. No le faltaba razón. Y desde luego, la literatura en su conjunto no está exenta de esa capacidad transformadora inherente al arte, ni de su espiritu revolucionario. El relato corto ha sido en este caso, nuestra arma de concienciación, altavoz de nuestras inquietudes. Nuestra herramienta para cuestionar en profundidad esos roles de género, masculino y femenino, mediante el ejercicio de la creación literaria y la narración.
Dedicado a las mujeres luchadoras. A las que lucharon, a las que luchan actualmente y a las que lucharán, para derrocar este sistema de dominación patriarcal.
Dedicado con especial cariño, a las mujeres que me han ayudado a entender que lo personal es político.
domingo, 14 de diciembre de 2008
El Club Anti Spice Girls
Una pequeña anécdota para concluir el día.
Últimamente he estado pensando en ese abismo que separa a quien milita, quien adquiere un compromiso político e invierte tiempo de forma organizada con un fin que concierne al bien colectivo; y el resto del mundo.
Y para variar he pensado en mí misma -llámese egocentrismo- y me he dado cuenta de que mi andadura militante empezó mucho antes de lo que me consta.
En efecto, fue con ocho años cuando percibí la necesidad de unidad para hacer frente a aquel fenómeno que dilapidaba la capacidad crítica de mis compañeras de aula: Las Spice Girls.
Un hecho no desdeñable, desde luego, mi rebelión ante aquella moda que dictaminaba que todas las niñas debiamos bailar al ritmo de un radio-casette ridículamente vestidas, memorizando cuatro berridos en un idioma que no entendiamos -por suerte-.
El día que decidí fundar el CLUB ANTI SPICE GIRLS marcó un antes y un después en mi vida. Una vez procedí a la captación de miembros -y miembrAs-, ya nada sería igual.
Aunque organizativamente hablando, no puedo hacer gala del caracter horizontal y democrático de mi club -MI club, donde ejercía un poder absoluto y perpetuo, cuando se me hacía caso-, las formas de acción eran trasgresoras .
El objetivo primordial era terminar con aquella lacra impuesta por unos agentes externos que tenían un extraño interés en absorver nuestro tiempo y hacernos parecer a todas tontas del bote. Por supuesto, los chicos no bailaban...
Mi propuesta reiterada fue la de la acción directa, basada simplemente en reventar los play-backs de las niñas imitadoras del esperpéntico grupo. Por desgracia no llegó a fraguar, así que nos limitamos a la concienciación boca a boca, llevando a cabo la revolucionaria labor de disuadir a nuestras compañeras de que participaran en semejantes saraos.
Supongo que algo de repercusión tendría todo aquello, a fin de cuentas... Hubo también una temporada en la que funcionamos como una estructura mafiosa. Me congratulo de todos aquellos soplidos que recibí, denuncias que ponían en evidencia que algunos miembros del club, tarareaban canciones de las Spice Girls, facilitaban material para que pudieran sucederse las imitaciones, o incluso participaban en los chous. Si, es posible que realizara alguna que otra purga... Obligada, lógicamente, por las circunstancias. Ni un paso atrás. En seguida adquirí conciencia de que la traición era imperdonable.
No fue siempre una grata tarea, la falta de compromiso resultaba palpable a tan tierna edad... Además, en repetidas ocasiones tuve la sensación de que lxs adultxs que garabateaban su firma en la lista de militantes, no me tomaban muy en serio...
La moda fue en declive, lo cual sería justo atribuirmelo, aunque no haría honor a la verdad...
Y llegaron tiempos de calma... Hasta que aparecio un nuevo y censurable fenómeno: Los Back Street Boys. Claro que para entonces esta servidora estaba ya cansada de la militancia activa.
Últimamente he estado pensando en ese abismo que separa a quien milita, quien adquiere un compromiso político e invierte tiempo de forma organizada con un fin que concierne al bien colectivo; y el resto del mundo.
Y para variar he pensado en mí misma -llámese egocentrismo- y me he dado cuenta de que mi andadura militante empezó mucho antes de lo que me consta.
En efecto, fue con ocho años cuando percibí la necesidad de unidad para hacer frente a aquel fenómeno que dilapidaba la capacidad crítica de mis compañeras de aula: Las Spice Girls.
Un hecho no desdeñable, desde luego, mi rebelión ante aquella moda que dictaminaba que todas las niñas debiamos bailar al ritmo de un radio-casette ridículamente vestidas, memorizando cuatro berridos en un idioma que no entendiamos -por suerte-.
El día que decidí fundar el CLUB ANTI SPICE GIRLS marcó un antes y un después en mi vida. Una vez procedí a la captación de miembros -y miembrAs-, ya nada sería igual.
Aunque organizativamente hablando, no puedo hacer gala del caracter horizontal y democrático de mi club -MI club, donde ejercía un poder absoluto y perpetuo, cuando se me hacía caso-, las formas de acción eran trasgresoras .
El objetivo primordial era terminar con aquella lacra impuesta por unos agentes externos que tenían un extraño interés en absorver nuestro tiempo y hacernos parecer a todas tontas del bote. Por supuesto, los chicos no bailaban...
Mi propuesta reiterada fue la de la acción directa, basada simplemente en reventar los play-backs de las niñas imitadoras del esperpéntico grupo. Por desgracia no llegó a fraguar, así que nos limitamos a la concienciación boca a boca, llevando a cabo la revolucionaria labor de disuadir a nuestras compañeras de que participaran en semejantes saraos.
Supongo que algo de repercusión tendría todo aquello, a fin de cuentas... Hubo también una temporada en la que funcionamos como una estructura mafiosa. Me congratulo de todos aquellos soplidos que recibí, denuncias que ponían en evidencia que algunos miembros del club, tarareaban canciones de las Spice Girls, facilitaban material para que pudieran sucederse las imitaciones, o incluso participaban en los chous. Si, es posible que realizara alguna que otra purga... Obligada, lógicamente, por las circunstancias. Ni un paso atrás. En seguida adquirí conciencia de que la traición era imperdonable.
No fue siempre una grata tarea, la falta de compromiso resultaba palpable a tan tierna edad... Además, en repetidas ocasiones tuve la sensación de que lxs adultxs que garabateaban su firma en la lista de militantes, no me tomaban muy en serio...
La moda fue en declive, lo cual sería justo atribuirmelo, aunque no haría honor a la verdad...
Y llegaron tiempos de calma... Hasta que aparecio un nuevo y censurable fenómeno: Los Back Street Boys. Claro que para entonces esta servidora estaba ya cansada de la militancia activa.
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