domingo, 14 de diciembre de 2008

El Club Anti Spice Girls

Una pequeña anécdota para concluir el día.

Últimamente he estado pensando en ese abismo que separa a quien milita, quien adquiere un compromiso político e invierte tiempo de forma organizada con un fin que concierne al bien colectivo; y el resto del mundo.



Y para variar he pensado en mí misma -llámese egocentrismo- y me he dado cuenta de que mi andadura militante empezó mucho antes de lo que me consta.

En efecto, fue con ocho años cuando percibí la necesidad de unidad para hacer frente a aquel fenómeno que dilapidaba la capacidad crítica de mis compañeras de aula: Las Spice Girls.

Un hecho no desdeñable, desde luego, mi rebelión ante aquella moda que dictaminaba que todas las niñas debiamos bailar al ritmo de un radio-casette ridículamente vestidas, memorizando cuatro berridos en un idioma que no entendiamos -por suerte-.


El día que decidí fundar el CLUB ANTI SPICE GIRLS marcó un antes y un después en mi vida. Una vez procedí a la captación de miembros -y miembrAs-, ya nada sería igual.
Aunque organizativamente hablando, no puedo hacer gala del caracter horizontal y democrático de mi club -MI club, donde ejercía un poder absoluto y perpetuo, cuando se me hacía caso-, las formas de acción eran trasgresoras .

El objetivo primordial era terminar con aquella lacra impuesta por unos agentes externos que tenían un extraño interés en absorver nuestro tiempo y hacernos parecer a todas tontas del bote. Por supuesto, los chicos no bailaban...


Mi propuesta reiterada fue la de la acción directa, basada simplemente en reventar los play-backs de las niñas imitadoras del esperpéntico grupo. Por desgracia no llegó a fraguar, así que nos limitamos a la concienciación boca a boca, llevando a cabo la revolucionaria labor de disuadir a nuestras compañeras de que participaran en semejantes saraos.


Supongo que algo de repercusión tendría todo aquello, a fin de cuentas... Hubo también una temporada en la que funcionamos como una estructura mafiosa. Me congratulo de todos aquellos soplidos que recibí, denuncias que ponían en evidencia que algunos miembros del club, tarareaban canciones de las Spice Girls, facilitaban material para que pudieran sucederse las imitaciones, o incluso participaban en los chous. Si, es posible que realizara alguna que otra purga... Obligada, lógicamente, por las circunstancias. Ni un paso atrás. En seguida adquirí conciencia de que la traición era imperdonable.

No fue siempre una grata tarea, la falta de compromiso resultaba palpable a tan tierna edad... Además, en repetidas ocasiones tuve la sensación de que lxs adultxs que garabateaban su firma en la lista de militantes, no me tomaban muy en serio...

La moda fue en declive, lo cual sería justo atribuirmelo, aunque no haría honor a la verdad...
Y llegaron tiempos de calma... Hasta que aparecio un nuevo y censurable fenómeno: Los Back Street Boys. Claro que para entonces esta servidora estaba ya cansada de la militancia activa.

5 comentarios:

Marxita dijo...

UN SALUDO A MIS COMPAÑERXS DEL GLORIOSO CLUB, Y UN CORTE DE MANGAS A TODXS AQUELLXS QUE SEÑALABAN CON EL DEDO A AQUELLA NIÑA, VANGUARDIA DE LA REVOLUCIÓN, QUE SE PASEABA POR EL PATIO DE LA IKASTOLA CON UN TURBANTE TRAIDO DE EGIPTO Y UN CARTELITO DE CARTÓN CON LA INSCRIPCIÓN "CLUB ANTI SPICE GIRLS".

SIEMPRE ANTI SPICE

Marxita dijo...

Malditas!!!!!! Para una vez que escribo algo con chispa encuentro indiferencia...

Escoria humana.

Mikelats dijo...

Que crack xD

Tenias un grupito mafioso y no decias nada.

bueno, al menos tenias buenas costumbres, deberias refundarlo.

Sigue escribiendo!

Malditas y malditos oiga

Marxita dijo...

Una que empieza jovenzuela a crear sus guetos...

Oigo, malditas, malditas personas queria decir... y maldito orgullo viril, añado.

Gracias Mikelats.

Mikelats dijo...

El orgullo es el orgullo... pero un embutido...