Heidi Hartmann definía a la unión entre marxismo y feminismo
como un matrimonio mal avenido. Este hecho es aplicable, a mi juicio, a
cualquier organización de izquierdas, aunque claro está, la problemática es más
acusada en unas organizaciones que en otras.
Es un círculo vicioso. Un partido formado mayoritariamente
por hombres, está dirigido por hombres. Las prioridades son las que son, nadie
puede cuestionarlas: Existe una ideología de base, la que sea y el resto de
discursos son secundarios. Eso si, en general se asumen sin problema la mayor parte de los
discursos que se van generando en la calle, sobre medio ambiente, nuevas problemáticas,
necesidades… Adaptarse o morir.
Pero volvemos a lo de siempre, como en el fondo, es una
organización de hombres y para hombres, los debates y discursos que llegan
desde el movimiento feminista, se toman con cierta precaución. Es un secreto a
voces: Los colectivos feministas están llenos de mujeres extravagantes (en el
mejor de los casos), son radicales, están histéricas, se preocupan por nimiedades,
son pequeño burguesas y odian a los hombres.
Extrañamente, los hombres (y algunas mujeres) de las muchas organizaciones
mixtas siguen preguntándose por qué no militarán más mujeres en sus colectivos.
¿Será que las mujeres, en general, carecen de espíritu revolucionario?
Una vez, un conocido me dijo que para animar a las muchachas
a militar en su organización elaboró unos carteles con el siguiente mensaje: “Mujer,
por la igualdad, lucha con nosotros.” Se
trata de un hecho aislado, sin embargo, ilustra bastante bien como buena parte
de sus hombres tratan de incorporar mujeres a sus filas. Incorporarlas a una
lucha de hombres, por supuesto, desde el desconocimiento y la torpeza más absolutas.
Hay que empezar por el principio. Si no hay sensibilización
en las organizaciones de izquierdas, si no se le da al feminismo la importancia
que tiene (ideológica y pragmática, a nivel histórico y el la sociedad actual), si no se trabaja, porque existen “cosas más importantes”, las
organizaciones mixtas seguirán fracasando y desencantando. Y las mujeres feministas tendremos que
elegir entre sufrir en una organización de borregos machirulos u optar por la
militancia única y exclusiva en grupos feministas.
Recordad siempre, mis queridos camaradas machistas-leninistas: Sin
nosotras no hay revolución.
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