6 meses. Ha transcurrido justo medio año desde que volví de Cuba. Con el huracán y el cincuenta aniversario de por medio, parece mucho más lejano en el tiempo .
Considero que he dejado pasar el tiempo suficiente como para analizar con frialdad la información y sensaciones que recibí en aquel viaje -brigada-. Durante el mes de agosto escribí varios textos, que recogían un seguimiento cronológico de los hechos e impresiones relevantes, que en su día decidí llamar "Reflexiones de la compañera Eider", un guiño a los textos que Fidel Castro publica con cierta frecuencia. Es el momento de exteriorizar mis sensaciones, buenas y malas, y seguir meditando...
Considero que he dejado pasar el tiempo suficiente como para analizar con frialdad la información y sensaciones que recibí en aquel viaje -brigada-. Durante el mes de agosto escribí varios textos, que recogían un seguimiento cronológico de los hechos e impresiones relevantes, que en su día decidí llamar "Reflexiones de la compañera Eider", un guiño a los textos que Fidel Castro publica con cierta frecuencia. Es el momento de exteriorizar mis sensaciones, buenas y malas, y seguir meditando...
LLEGADA AL AEROPUERTO
Al bajar del avión, cuando rondaban las 9 de la noche, nos invadió una sensación de desconcierto. Poníamos por primera vez pie en territorio cubano, llegábamos al socialismo, propiciando así una mezcla entre emoción y ansiedad. Antes de pasar los controles, debíamos rellenar un formulario, con el motivo del viaje, tiempo de estancia, procedencia y otros datos. Nos turnamos para utilizar los pocos bolígrafos que llevábamos, y por fin, conseguimos cruzar todos desde aquella sala vacía hasta la parte exterior del aeropuerto José Martí, por unas puertas que se abrían, después de que unas funcionarias comprobaran los datos de cada brigadista. Mire a la cámara…
Recogimos los equipajes, cambiamos algunos euros por pesos convertibles, sin demasiada certeza de lo que debíamos recibir a cambio. Daba igual, ¡estábamos en Cuba!
Al salir al exterior, era ya de noche. Nos impresionó el calor, pero sobre todo, el nivel de humedad, se respiraba con mayor dificultad. Montamos en un autobús made in China de amplísimos asientos y aire acondicionado a tope. Muchas íbamos ya preparadas para los cambios de temperatura, con palestinos y jerséis.
Se presento el guía, miembro de la UJC, Ariel, junto con otro responsable que nos acompañaría durante momentos concretos. EL traslado al hotel se produjo en silencio absoluto y con las luces del autobús apagadas. Me sorprendió la forma en la que, de repente, se desvaneció esa actitud de triunfalismo de cuando aterrizaba el avión y todo el mundo quedó expectante, tratando de localizar a través del cristal algo que llamará nuestra atención, que nos confirmara que, tras nueve horas de vuelo, habíamos llegado por fin a territorio socialista...
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