miércoles, 8 de octubre de 2008

Desvarío II

Y ese camino, es un camino angosto, lleno de penuria quizas, al cruzar el fango. Provoca reflexión. Soy yo conmigo misma, renegando de ese sueño, la que tejo este telar, de andares imprevisibles, sin una historia escrita. Me resisto a afrontar la realidad de topar con un camino sin retorno.

Mis parpados se humedecen. Buscar un sentido a la fugacidad, ¿por qué todo se desvanece?
Fluye entre mis dedos, aquella imagen del caserón, su puerta entreabierta con la calidez opaca del gentío, en un suspiro. Ajena a cuantas miradas me observan, siento algo de frio, vuelven los fantasmas que me atormentan y se cruzan en mi camino.

Y avanzo con ese miedo, el jolgorio a mis espaldas de quienes todavía no se han ido, cruzando los dedos para no dejar de escuchar esas voces, que albergan todavía la capacidad de mitigar las punzadas de mi desvario. Si vuelvo a escuchar a los colores, más que nunca, desconfio.

Zarzas que flanquean el trayecto, mi naturaleza no tolera la sangre derramada, ni de heridas en las yemas. Sigue lloviznando tras mis pisadas, el chapoteo no significa nada, puede que el propio significado haya perdido todas sus acepciones, en esta imagen difuminada del mundo que me rodea. Me pregunto, sin motivo, sólo un eco se adhiere a mi propuesta. Es mi propio reflejo.

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