Otra vez. Esa sensación desapacible, que me recorre con una familiaridad casi insultante. Y no será la última. Empiezo a sentir ese hormigueo que me corroe y que no cesará de subir, hasta que mi cabeza estalle. Ese hormigueo que me atormenta, cuya culminación conozco y no deseo.
Un caserón en ruinas, que ahora no constituye más que unos cimientos carcomidos, deteriorados por los años, la historia no lo trato bien. Y es esa nostalgia la que nos hace perdurar contra viento y marea, puro romanticismo, un intento de evocar aquello que fuimos o quisimos ser. Aprieto los puños, porque el tiempo ha sido injusto con mi caserón, el mismo tiempo que ahora me retiene, sin apiadarse, dilapidando mi ilusión con la pausada crueldad de quien disfruta aniquilando gota a gota la esencia del idealismo.
En el interior, el jolgorio ensordece, puede que sólo yo escuche el crujir de las vigas . Me reconozco en su actitud, desconozco si no pueden o no quieren escuchar los augurios de la madera, anunciando un final próximo. Puede que simplemente sean totalmente ajenos a mis fantasmas, como yo también lo fui. Como querría serlo en este momento. No puedo.
Quizá esté en un error, cruzo los dedos en un melancólico anhelo de que sea algo efímero o ilusorio. Sin embargo soy incapaz de obviar ese hormigueo que asciende ya por mis piernas y reaparecen los viejos fantasmas, obligandome a caminar hacia la salida.
No es una metáfora, es un muro de papel, construido a tientas para mitigar esa angustia, y trazar una linea divisoria, entre quienes entienden y quienes no quieren entender. Una pequeña abertura, que desplome el hermetismo que apresa los deseos más íntimos.
No quiero morir en el derrumbe, renuncio a convivir con ese miedo. Un paso en falso. Tropiezo con un charco, el barro me salpica. Busco la receta de un sedante en mis bolsillos rasgados. El libro de instrucciones tiene las páginas en blanco, desconcierto absoluto. Seguiré caminando, libre de cadenas, con la condena de deambular por siempre, sin acogidas cálidas o con ellas, pero con el desamparo siempre a cuestas.
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