martes, 5 de agosto de 2008

Cuba I

Cuando bajé del autobus que nos traía de Madrid, y pisé Bilbao tras tres semanas de viaje, me invadió la sensación de que definitivamente había terminado mi verano. Casi 20 horas de transito entre Cuba y mi realidad me habían servido para asimilar todo cuanto había acontecido y establecer cierto equilibrio emocional o ejercer un cierto control sobre sentimientos contradictorios que imagino que continuarán irrumpiendo durante unos cuantos días.

Si hubiera llevado a cabo mi intención inicial de redactar cada día pequeñas reflexiones cada día de la brigada, mis fluctuaciones anímicas e ideológicas hubieran quedado en evidencia, acabando en una progresiva aceptación de la realidad cubana, a medida que transcurrían los días.
Sin embargo, por pura dejadez y pereza, decidí vivir la experiencia durante la estancia y dejar las conclusiones para el regreso. Por eso comienzo ahora mis divagaciones, que conociéndome, durarán hasta que me cansé de lamentarme de lo intensa que fue la brigada y añorando todo lo que aprendí y comprendí de lxs cubanxs.

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