miércoles, 6 de agosto de 2008

Cuba II

Cuba es la esperanza. Es la conclusión más clara y a su vez más ambigua a la que he llegado tras mi estancia de 20 días. ¿A cambiado mi concepción de la isla? ¿Ha aumentado mi convencimiento en cuanto a la validez del sistema cubano?

Sería hipócrita decir que ahora lo entiendo todo, que justifico cada una de las contradicciones que me surgen cuando tropiezo con una realidad que todavía me es ajena.
Sólo se que no se nada, dijeron, y yo lo corroboro. Quiero volver a Cuba, recorrer la isla y convivir de forma más estrecha con lxs cubanxs, pues son ellos lxs únicxs que deben legitimar la revolución, y no yo desde mis parametros occidentalizados.
Lo cual no significa que a estas alturas, sin que sea un paraiso socialista, Cuba no sea un referente en mi pequeño mundo utópico, una esperanza que alienta mi lucha personal y colectiva, un verdadero ejemplo de voluntad y dignidad.

Siempre insisto en que Cuba es una esperanza, en especial, para los paises del denominado tercer mundo, sometidos durante años al expolio económico de los paises europeos y de los estados unidos, ahogados por una deuda externa que son incapaces de pagar y azotados por hambrunas y enfermedades...
Siendo Cuba una isla bloqueada, con limitadas relaciones mercantiles, sin apenas recursos naturales, queda demostrado que es posible garantizar una alimentación en condiciones, potenciar la educación -no sólo la formación-, ofrecer un sistema gratuito y eficaz de sanidad, luchar por la integración de todas las personas en el sistema, dotar al pueblo de un sistema de participación ciudadana -sustentada por una cultura política y una visión de lo colectivo adquirida mediante la educación- invisibilizados por los grandes medios de comunicación...

Reconozco que está última apreciación debería suscitar cierto resquemor si no añadiera que, los paises capitalistas por excelencia, consumidores de la mayor parte de los recursos del mundo, y anestesiados por el acceso al consumo de bienes materiales que nos brinda nuestro sistema, deberiamos también aprender de la voluntad y capacidad de lucha del pueblo cubano.
Y cierro, por ahora, con unas afirmaciones que aunque no son aprendidas en Cuba, si que comienzo a interiorizarlas un poco más desde mi estancia allí:

Se dan las condiciones objetivas para una revolución, no las subjetivas. Falta conciencia, sobran las contradicciones.

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