Ahora vienen todo de sopetón. El caso es que me he enterado de la última propuesta de Rajoy, de cara al 9-M. No es una escepción, sigue la lógica de la avalancha de propuestas conservadoras que caen últimamente como del cielo.
Se plantea un debate interesante, o más bien interesado, con el objetivo de rebajar la edad penal a los 12 años si el amigo Mariano llega a gobernar.
Es curioso como la derecha saca siempre provecho de la estrategia del miedo, haciendo ver que son los únicos que se preocupan por la seguridad ciudadana. Hoy toca más de lo mismo, el señor candidato, ya no conforme con jactarse de contar con el apoyo de la derecha más rancia, intercala propuestas estúpidas que nadie se cree (plantar un arbol cada 4 segundos, tal vez por aquello del arrepentimiento tras las declaraciones sobre su primo y el efecto invernadero) con otras que dan verdaderas nauseas.
Es una lástima que siga sacando petroleo de todo esto, pues tanto con el contrato de integración como con esta última propuesta, apela a las emociones de la gente, con una argumentos frívolos, que llegan con facilidad a la gente.
El modo de persuasión resulta patético, recurren siempre a ejemplos de historias personales, recayendo en el más absoluto sensacionalismo.
Esta es mi opinión. Cuestión de principios. Considero que la carcel es una forma más de tortura. Sin banalizar, una tortura no comparable a otras prácticas que atentan contra la integridad física de las personas, pero a fin de cuentas la denegación de la libertad constituye a mi juicio una tortura psicológica. Por eso siempre me he cuestionado la utilidad de este medio.
También discrepo con ese sector de la población que opina que los presos deben permanecer entre rejas para pagar su deuda con la sociedad. Desde mi punto de vista, la justicia debe de cumplir con dos únicos objetivos. Uno es el de proteger a las potenciales víctimas de los criminales. De igual importancia es la reabilitación del criminal, quien debe abordar un proceso que le permita reinsertarse en la sociedad.
Con esta perspectiva, resulta una atrocidad rebajar la edad penal a los 12 años. Pero el defender esta postura no significa mantener una actitud permisiva, como pretenden hacer creer sus detractores.
Lo que es francamente vergonzoso, es que traten de jamarnos el tarro con las historias de las víctimas, con los argumentos entre sollozos de madres de hijas violadas y testimonios de familiares cuyo dolor utilizan para crear miedo en nosotr@s.
4 comentarios:
i ke arias tu kon el biolador ke t ataka?
Todos somos mu tolerants asta ke toka de cerka.
Mi deseo es que no sean las víctimas, cargadas de odio y rencor, quienes juzguen a los delincuentes.
No me parece una idea tan disparatada la de que el malhechor no tenga que "pagar" por sus crímines. Considero una farsa la idea de que tiene una deuda con la sociedad, a no ser que sea un genocida. No es oportuno ni justo emitir juicios de valor, porque en gran parte de los casos, son las circunstancias de cada uno las que hacen que uno sea o no propenso a cometer un crimen. Me refiero a las circunstancias socioeconomicas y culturales -referentes al nivel educativo- o a la personalidad y conflictividad del individuo.
Esto es lo que me lleva a pensar que debería única y exclusivamente reeducar y reinsertar a estas personas.
Gracias.
A mí tampoco me gustaría que me pasara nada, pero creo que no sirve de nada meter a todo el mundo en la cárcel para que se pudra allí. La cultura del odio y la rabia deberían sustituirse por la tolerancia y la comprensión en la medida en que se pueda. Cuando no, eso ya es otro tema.
Cuando no...eso es muy relativo.
Opino que si la reinserción es imposible, por razones médicas -salud mental- evidentes, la carcel no es lugar para un desequilibrado.
De lo contrario, quiero creer que existe siempre la posibilidad de concienciación y reinserción en la sociedad.
Gracias Laurita.
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