Dicen que un pueblo que olvida su historia vuelve a repetirla.
Y eso es precisamente el peligro al que nos enfrentamos las nuevas generaciones, quienes nacimos después de la muerte de Franco, de la han pasado ya 34 años.
Por algún motivo, empiezo ahora a ser consciente de esa burbuja en la que me he aislado en los últimos cuatro años, de la realidad que he dibujado sin preocuparme porque guardar coherencia con lo que de verdad me rodeaba.
Y al destaparme los ojos descubro que nada es cómo yo creía, que no importa ya donde y cuando transcurrieron las Guerras Mundiales, que puede que España viviera una dictadura de 40 años, ni sabemos a ciencia cierta quién era Lenin.
Hemos olvidado todas esas páginas caducadas de los libros de historia, porque no nos interesan, porque no entendemos de discrepancias entre izquierdas y derechas, ni creemos que importen.
Hemos olvidado que Franco murió y que España fue ese pueblo que nunca se alzó. Hemos permitido que sus nombres se borren de la historia... Hasta ver marchitarse a las trece rosas.
Prefiero simplemente recular y cegarme. Gracias a quienes no olvidan, que hubo un tiempo en el que muchas personas entregaron sus vidas, por un mundo mejor.
Gracias a quienes no olvidan, ni perdonan.
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