Supongamos que escribes con un lapiz sin memoria,
conversando en silencio, con alguien que te observa sin llegar a verte.
Analizas una realidad deformada por las palabras,
que escoges para describir sin relatar, lo que sientes, negandote a padecer.
Los estantes que te rodean acentuan la incertidumbre,
sigilosa vigilancia, que nunca llega a fraguar en esa realidad imaginaria.
No resultará imposible que continues, pausadamente, tegiendo paradojas...
No obstante, lo parecerá.
No hay comentarios:
Publicar un comentario