jueves, 13 de diciembre de 2007

¿Privatizamos la educación? I

El hecho de que la izquierda abertzale haya acaparado el discurso anti-Bolonia, haciendo de esta causa su bandera, no beneficia en absoluto a los que, por diversos motivos, mantenemos una postura contraria a la aplicación del Espacio Europeo de Educación Superior, comúnmente conocido con “proceso de Bolonia”.
La agresividad con la que ciertos sectores combaten su puesta en marcha, unida al gran vacío informativo al que nos vemos sometidos, han propiciado que una parte considerable del colectivo estudiantil adopte una postura favorable a la introducción de esta reforma educativa.

Lo cierto es que, para hacer frente a la indiferencia, debemos informarnos y mirar el doble fondo de un plan que se nos presenta como un mero cambio metódico, que facilitará la movilidad entre universidades europeas y solucionará los problemas que encaran los estudiantes a la hora de convalidar sus titulaciones en países miembros de la UE.
Un análisis crítico, requiere mirar más allá de la renovación pedagógica.

Nuestra evaluación comienza por analizar la motivación de esta reforma –el porque- .
Para ello debemos familiarizarnos con la Organización Mundial del Comercio, un organismo –controlado por los Estados Unidos y países del G8- cuya función crear un sistema de normas comerciales que garanticen el libre mercado, mediante la liberalización progresiva. El Acuerdo General de Comercio de Servicios (AGCS) responde a esta misma política de privatización, que se extiende ya al ámbito de la educación. A partir de esta iniciativa, la Unión Europea emprende una reforma educativa, que responde a esta demanda de la OMC y a su vez permite situar a las universidades europeas al nivel competitivo de las estadounidenses.

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