En un sotano, apenas iluminado por una luz tenue que emana de una bombilla colgada de un cable que queda al descubierto, dos hombres guardan silencio, interrumpido únicamente por el ruido proveniente de una pequeña imprenta en funcionamiento.
Uno de ellos, el que vigila la producción de la máquina, y clasifica los panfletos recien impresos, todavía calientes, se dirige al otro.
- Es tarde. La manifa va a empezar y todavía estamos aquí.
Recibe por respuesta un gesto de indiferencia.
- ¿Pero que te pasa? Hay que espabilar. Teniamos que estar ya de piquetes. Cojo el material para repartir y nos vamos.
Federico, el otro hombre, hace ademán de levantarse, pero continua ocupando su lugar.
- Yo no voy. Tengo mal día.
Carlos, asoma la cabeza desde el pequeño cuartillo donde guardan la imprenta y pide explicaciones a su compañero.
- Ya te lo he dicho, he discutido con mi hermana antes de venir. Lo que pasa que estabas demasiado ocupado leyendo la sección de actualidad y no me has escuchado.
Carlos resopla al escuchar el reproche.
- Mira, camarada, ahora no es momento de ñoñerías. Ahí fuera hay una huelga y nosotros estamos aquí, sin hacer nada. Tus problemas personales no pueden interferir en las grandes causas del marxismo-leninismo. Son nimiedades, comparadas con la lucha de clases antagónicas, la revolución y, joder, la huelga que nos espera ahora.
- Pero yo no estoy de humor. Hoy no salgo.
Carlos mira a Federico. Comienza a perder la paciencia.
- Vale.- cede- ¿Qué ha pasado con tu hermana?
Federico se muestra reticiente a hablar en un principio, finge, ocultando su deseo de hablar con alguien de ello.
- Ya sabes como es mi hermana, un incordio. Tiene siempre que coger todas mis cosas sin permiso. De sobra sabe que odio que se toquen mis cosas. . .
Añade una explicación más detallada sobre el percance de la mañana, mientras Carlos aprieta el puño, para contenerse y escuchar a su compañero sin perder la calma.
- No le de demasiada importancia, tu hermana es una niñata. Ahora coge tus cosas y vamos.
Federico accede a regañadientes.
- ¿ Recogemos esto antes?
Señala al escritorio, cubierto por una pila de documentos, un cenicero lleno de colillas y algunas manchas de café. El olor a tabaco viejo empieza ya a extenderse por todo el sótano.
- Que lo hagan otros. No hay tiempo.
Cierran de un portazo y se dirigen al exterior.
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