domingo, 16 de junio de 2013

Identidad lesbiana

Esta reflexión surge, como muchas otras, a partir de una de esas acaloradas discusiones de bar a altas horas de la madrugada… 

La postmodernidad y sus hijxs predilectxs, lxs teóricxs queer, cuyos discursos se han extendido como la pólvora entre ciertos sectores de la izquierda, resultan absolutamente ridículas para las lesbianas feministas.

Y me explico, sin menoscabar al movimiento queer  (entiendo que ha resultado clave a la hora de desaburguesar a un movimiento gay extremadamente institucionalizado), lo cierto es que algunas de sus aportaciones teóricas resultan asquerosamente ambiguas e infumables.

Por ejemplo, uno de las ideas que más han calado entre mucha gente (incluso ajena al movimiento queer), es la crítica a las categorías sociales. Decir que las etiquetas son restrictivas, que no hay que categorizar a la gente, es ya casi una moda que desprende un sospechoso tufillo progre. Y ya sabemos lo que pasa con la progresía: que acaba descafeinando a las ideologías revolucionarias.

Creo que el problema de las teorías queer es que han sido desarrolladas o por hombres, o por mujeres cuyo interés por el feminismo era secundario. Si no, ¿por qué motivo iban las mujeres a renunciar a su identidad de mujeres o lesbianas?

Los hombres gays han llevado a cabo una lucha visible y han conseguido cotas de libertad mucho más elevadas que nosotras, las lesbianas. Al fin y al cabo, los hombres han sido educados para ser protagonistas y dueños de su propia sexualidad. El lesbianismo ha corrido otra suerte,  a fin de cuentas somos mujeres y hemos sido educadas como tal. Las lesbianas, o no somos visibles o lo somos para el placer y disfrute de los hombres. Somos objetos de deseo, que en algún momento daremos nuestro brazo a torcer, pues todo el mundo sabe que las mujeres somos todas bisexuales…

Rotundamente no. Las bolleras no hemos recorrido suficiente camino como para decir que renegamos de las etiquetas. Ellos sí, nosotras no. Nosotras todavía tenemos que hacernos ver, hacernos respetar, aferrarnos a nuestra identidad de lesbianas, defenderla como categoría, como identidad política. Y no dejarnos llevar por discursos de moda vacíos de contenido…


He dicho. 

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