Esta reflexión surge, como muchas otras, a partir de una de
esas acaloradas discusiones de bar a altas horas de la madrugada…
La postmodernidad y sus hijxs predilectxs, lxs teóricxs
queer, cuyos discursos se han extendido como la pólvora entre ciertos sectores
de la izquierda, resultan absolutamente ridículas para las lesbianas feministas.
Y me explico, sin menoscabar al movimiento queer (entiendo que ha resultado clave a la hora de
desaburguesar a un movimiento gay extremadamente institucionalizado), lo cierto
es que algunas de sus aportaciones teóricas resultan asquerosamente ambiguas e
infumables.
Por ejemplo, uno de las ideas que más han calado entre mucha
gente (incluso ajena al movimiento queer), es la crítica a las categorías sociales.
Decir que las etiquetas son restrictivas, que no hay que categorizar a la
gente, es ya casi una moda que desprende un sospechoso tufillo progre. Y ya
sabemos lo que pasa con la progresía: que acaba descafeinando a las ideologías
revolucionarias.
Creo que el problema de las teorías queer es que han sido desarrolladas
o por hombres, o por mujeres cuyo interés por el feminismo era secundario. Si no,
¿por qué motivo iban las mujeres a renunciar a su identidad de mujeres o
lesbianas?
Los hombres gays han llevado a cabo una lucha visible y han
conseguido cotas de libertad mucho más elevadas que nosotras, las lesbianas. Al
fin y al cabo, los hombres han sido educados para ser protagonistas y dueños de
su propia sexualidad. El lesbianismo ha corrido otra suerte, a fin de cuentas somos mujeres y hemos sido
educadas como tal. Las lesbianas, o no somos visibles o lo somos para el placer
y disfrute de los hombres. Somos objetos de deseo, que en algún momento daremos
nuestro brazo a torcer, pues todo el mundo sabe que las mujeres somos todas
bisexuales…
Rotundamente no. Las bolleras no hemos recorrido suficiente
camino como para decir que renegamos de las etiquetas. Ellos sí, nosotras no. Nosotras
todavía tenemos que hacernos ver, hacernos respetar, aferrarnos a nuestra
identidad de lesbianas, defenderla como categoría, como identidad política. Y
no dejarnos llevar por discursos de moda vacíos de contenido…
He dicho.
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