jueves, 27 de enero de 2011

Si la matara de un único golpe tal vez sería menos doloroso. Pero en vez de eso, le arrebata primero el ala izquierda y posteriormente la derecha, de forma que queda tendida sobre la mesa, despojada de sus alas, con la frustración de quien sabe que no echará a volar nunca más.

Una voz profunda susurra. Rasgandome mi dolor con sus dedos... Matándome lentamente con su canción. Suena como un desgarro, mientras tropieza y cae al abismo. Se golpea contra la nieva helada, contra unas piedras y va perdiendo altura. Mientras Frank Sinatra continua su lamento, cantando la vida con sus palabras.

A su lado alguien le observa caer, mientras mastica. Con sus dedos llenos de grasa, extrae las patatas, una a una de un paquete de plástico y come sin pronunciar palabra. Ni una mueca de conmoción.

Unos hombres vestidos de negro, pasan junto a él. Se fija en los dos tirabuzones que cuelgan bajo sus sombreros, también negros. En sus barbas largas y desarregladas.
Desfilan de forma anárquica, dando lugar a un deambular constante de hombres indistinguibles unos de otros.

¡Clack!

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