
Conozco, sin embargo, ya esa fiebre vespertina,
el cuerpo humedecido al calor de una guitarra,
poesía pausada, embaucadora, casi delirante,
de quien chapotea por las aceras, entre sombras y callejuelas.
Tiritando, desenfrenadamente busca esa melodía reveladora,
esforzándose por no tropezar bajo el goteo de las cañerías viejas.
Llueve en Bilbao.
La conozco, a ella y a la repentina locura que evoca.
¿Por qué descolgarme de este vaivén de imágenes?
Esta noche no, guardaré junto a mí este arma febril y placentera,
de creatividad. Pura ensoñación.
1 comentario:
Bonita foto, y bonito texto. Espero que puedas seguir disfrutando de esa locura ;)
Cuidate preciosa!
Publicar un comentario