Era ya costumbre cenar a las 9 de la noche, una norma interiorizada, que sin embargo, nunca había sido establecida. Su madre entró en el cuarto para ponerla sobre aviso, y la encontró acurrucada escribiendo sobre el escritorio, bajo una lampara de luz intensa. Abrió la boca para advertirle de lo malo que resultaría a la larga adquirir posturas inadecuadas y se aproximo a la niña, que seguía demasiado afanada en su labor como para prestar atención.
-Ya está la cena.- Le acarició la nuca. -¿Qué estas escribiendo?-
La miró con cierta preocupación, llevaba días encerrandose en su cuarto, y una vez terminados los deberes, se ponía a escribir páginas y páginas, hasta que llegaba la hora de la cena. Después reanudaba su tarea hasta que la mandaran a dormir.
-El superlibro.-
Su madre frunció el ceño. La niña se refería así a la Biblia, días antes le había explicado su intención de transcribir varios capítulos del Antiguo Testamento, adaptandolo para niñxs de su edad, con nuevos personajes que amenizaran las historias.
Sin duda se trataba de uno más de sus disparatados proyectos, terminaría olvidándolo con el tiempo. Aunque la idea de que pasará inumerables horas escribiendo con letra diminuta y sin respetar margenes le producia cierto dolor de cabeza.
-Ya seguirás mañana.-
1 comentario:
:)
Publicar un comentario