lunes, 8 de junio de 2009

Cuando entendí que me pedías un verso, me encogí de hombros. Si el escepticismo no se dibujara en mi cara, estarías tratando con otra persona. Deje pasar el tiempo, hasta que caí en la cuenta de que nada surgía de forma espontánea y comencé a buscar.

¿Por donde empezaría? Los recuerdos no eran lo suficientemente sólidos, las imágenes se difuminaban, apenas encontré pruebas gráficas que dieran muestras de aquello.
Ni canciones apropiadas, ni metáforas sencillas...
El conjunto creaba una sensación apacible que no asociaba a nada en concreto.

Traté entonces de reconciliarme con las palabras, pero ordenarlas me resultó como completar un puzzle de mil piezas. Ni un verso, ni un esbozo.
De conseguirlo, hubiera resultado ridículo, pueril, hasta frívolo… Mejor así.
El silencio es, a veces, lo más significativo.

3 comentarios:

chicaflash dijo...

Los versos no se piden! Se ofrecen o se dan sin más, pedirlo no, no funciona así. Hay cosas que no se pueden pedir.

Bonito e interesante post, Marxita. Esta usted muy creativa! ;)

Animo con los libros!
Bss

Anónimo dijo...

Una mirada, silencio. Una sonrisa, silencio. No hay cosa mas bella que enterderse, en silencio.

Gracias por emocionarme en otra ocasion mas. Te quiero;)

jaupi dijo...

Los silencios también son parte de la música de la poesía.
Sino, no existirían los puntos aparte...juas.
Que desconsiderado es pedir versos, es como pedir amor... son cosas que o surgen... o no son reales.