
El cine remueve conciencias. Es por eso que escribo esta entrada, sin la menor intención de entrar a valorar la película en sí, sino más bien dispuesta a desenmarañar esa subjetividad que engendra, lease mi percepción personal.
Para ponernos en situación, la película empieza con una aventura entre una mujer y un chaval de 15 años, que tras pasar un verano juntos, sus destinos se separan, hasta volver a encontrarse años después ante la justicia, ella acusada de colaboración con los nazis, él como estudiante de derecho que asiste al juicio como parte de su proceso de aprendizaje.
Bien, podrían hacerse diferentes lecturas de esta historia, pero vayamos a lo que interesa, la relación entre el chico y la mujer. El vínculo que se forma entre ambos, el sentimiento de él hacia ella, apesar de conocer su pasado en las SS, su participación en los crímenes del holocausto.
Y es que Hollywood es Hollywood, lo cual no resta importancia al hecho de que yo, como espectadora, acaba sintiendo lástima por una mujer que participó como guardiana en los campos de concentración nazis. Lo cual me preocupa hasta el punto de que llevo varias noches en vela, apretando los puños para dar con el porqué.
Me he dicho que mi educación judeo-cristiana sigue haciendo mella, poniendome de cuando en vez los puntos sobre las ies. Ya lo decía el evangelio: Debemos conceder el perdón.
O tal vez no. Tal vez sea una idea de motivación humanista la que me hace sentir condescendiente hacia alguien cuya calidad humana ha muerto.
No estoy segura. Por algún motivo, llega la hora de la verdad, y me apiado de quien debería ser severamente castigado. ¿Debería? De repente recuerdo esa afirmación de Ortega y Gasset que ponía de manifiesto eso de que "Yo soy yo y mis circunstancias". Llegado un momento el la película, la protagonista reconoce ante el tribunal los crímenes cometidos. Cuando el juez le pregunta por el motivo, ella responde con naturalidad "¿Qué hubiera hecho usted?"
Lo cual deja a la sala de piedra, en silencio.
Y me pregunto, ¿Qué hubiera hecho yo? Reflexiono nuevamente, y formulo un nuevo interrogante. ¿Estoy pecando de relativista?
Finito. Aquí desemboca una nueva crisis ideológica. No eludan mi recomendación final: Acudan a su cine más próximo.
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