
No deja de ser paradójico que quienes consagramos nuestro tiempo a predicar la Revolución, anhelando transformaciones sociales casi utópicas, seamos lxs más escépticos en cuanto a los cambios en nuestras propias vidas. El miedo al cambio es, paradójicamente, inherente al sentimiento revolucionario.
Suma y sigue: Lo personal es político.
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