La percepción de peligro no surge esta vez al mirar en derredor. Es algo íntimo, subjetivo. Es interno. Ese constante flujo de pensamientos, provoca inseguridad. La piedra que pisas, sin saber si está realmente sujeta a la tierra. Es comparable a un desprendimiento, un suelo resbaloso, arenas movedizas. La estabilidad es una lejana utopía.
Si tuviera la entereza de reconocer que nada es inmutable, no supondría un problema aceptar el caracter quebradizo de mi ética. Nuevos destinos, fases, los errores son los marcan la pauta día a día.
Evolución o desafortunada involución, puede que la trayectoria en sí no constituya más que un cúmulo de errores, un fracasado intento de encontrar la persona que deseo ser.
Y sin embargo, todo se reduce a algo mucho más vulgar: Miedo.
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