lunes, 12 de enero de 2009

Desvarío XV:

Ha caido ya el telón de acero. Martilleando, martilleando, consiguen simbolizar el desplome de las grandes ideas. Qué le importa eso a quien está anclada en el 36, visualizando todavía el comienzo de una guerra que conoce a través de vivencias ajenas. Después del 36 nada tiene ya sentido. Hay pocas cosas que valen la pena a partir de 1936, pocas cosas dignas de aplauso tras el triunfo de los sublebados, ninguna que merezca mi atención tras el abandono del último maqui.

Resistir es vencer. Dicen.

Martilleando, martilleando. La entrega tiene un precio.

El romanticismo es un velo frágil. Protege de los rayos del sol, absorve las radiaciones que obstaculizan nuestra visión, impide el contacto directo con la realidad.
Pero engendra a su vez un escollo, que llega a hacernos tropezar. Desequilibra.

¿Qué es eso que busco, incansable, y no encuentro? ¿Hasta cuando proseguiré sin darme por vencida? Flaquean las piernas... ¿Por qué empeñarse en continuar?
Ahora recuerdo, no soy yo quien ha elegido este velo perpetuo.

Arrastras... Siento el martilleo. A partir de ahora prefiero obviar la caida del muro. Mentidme si es preciso.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

El muro nunca cayó. ¿Has visto Goodbye Lenin! ?

Me encantan tus desvaríos.

Marxita dijo...

Si,si, como bien has intuido, incluyo mi pequeño guiño a peli de Daniel Brühl...

A tí lo que te mola es verme desvariar, vacilante, perdida en mis dudas ideológico-existenciales.
Ver que soy débil y tú devil.

XD

Anónimo dijo...

Ala tia que mala! Qué va me encantan porque me encantan que la gente diga cosas que no tienen por qué tener sentido para los demás.

Marxita dijo...

¿No tiene sentido para tí?
Vaya... XD