La apariencia exterior de aquel edificio solemne, situado en una de las calles más céntricas de la ciudad no hacia levantar ningun tipo de sospechas. En la fachada había una inscripción donde figuraba la funcionalidad del lugar en letras mayusculas: "Ministerio de Información".
En un despacho aséptico situado en el piso más alto, trabajaban codo con codo dos hombres de aspecto semejante, frente a un monitor, casi sin mediar palabra.
El de la derecha extrajo de su pitillera un cigarrillo que empezó a fumar sin pestañear, ensimismado en descodificar los mensajes que aparecían en la pantalla.
"40 sindicalistas asesinados por los paramilitares bajo la tutela del presidente Uribe, en Colombia" Exhalo una amplia bocanada de humo, mientras pensaba en una fórmula para procesar dicha información de manera que fuera facilmente comprendida por los telespectadores.
"Nuevos atentados de las FARC. Bogotá atribuye a la guerrilla la última explosión que mató a cinco personas el lunes."
Tecleó. Se sumió durante varios segundos en un silencio sepulcral, característico de aquel último piso del ministerio, meditando sobre la idea de que el pasado era modificable. Dominar el pasado era la única forma de dominar también el presente, y el futuro, se dijo. No recordaba donde lo había leido.
Miró de soslayo a su compañero. Conocía solo su faceta profesional, nunca dejaba que la conversación trascendiera más allá de lo circunscrito al ministerio.
Aun así, valoraba enormemente su labor, la cual requería una creatividad que el nunca sería capaz de lograr, pues su trabajo se limitaba simplemente a reformular los principales titulares de actualidad, mientras que su compañero, pasaba las horas consagrado a inventar nuevas tácticas de entretenimiento que inhibieran la capacidad crítica de los ciudadanos, buscaba nuevas formas y nuevos espacios, no había nada que estableciera sus límites de actuación, lo que lo convertía en alguien fascinantemente poderoso.
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