
Escucho el incensante borboteo, llama mi atención y me aproximo a mirar. Un olor extrañamente familiar rezuma de la cazuela que hierve al fuego, no soy capaz de identificarlo.
Pasa a salpicar, con cierta violencia. En su interior convergen una mezcla de sustancias y aromas, que a buen seguro estallarán.
No obstante, continuo observando a la misma distancia, sin ocultar en algunos momentos mi inquietud, pero sin dar la espalda a los fogones. Surge una idea que mejorará el condimento. Me muerdo el labio inferior y me contengo, facilito su consecución, un transcurso erroneo quizás, pero auténtico. A pesar de ese humo que se impregna en la ropa y resulta desagradable. A pesar de ese olor de prolongada duración, exótico a veces, indomable y fuera de toda predicción...
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