domingo, 7 de octubre de 2007

¿Si al velo?

En contra a favor de la aceptación del velo islámico (hiyab) en los centros de enseñanza pública. Esa es la polémica reabierta después del episodio de la niña musulmana a la que, definitivamente, se le permitirá portar el velo en su centro de estudio.

En una primera reflexión, la decisión de la Generalitat puede parecer acertada, ya que de prohibir este símbolo de la religión musulmana, se estarían vulnerando los derechos de identidad de este creciente colectivo. Yo misma, incurrí en este error, como medida para hacer frente a la asimilación de la inmigración, que a mi juicio, se llevaba a cabo en otros países europeos, donde este debate ha sido ya resuelto mediante leyes que prohíben los símbolos religiosos en las aulas.

Sin valorar la necesidad de prohibir todo símbolo ligado a una doctrina o creencia, analizamos el caso concreto del hiyab.
Y con mi más firme rechazo a toda pretensión del etnocentrismo cultural por oponerse a lo ajeno, desde una perspectiva humanista, no podemos obviar que un símbolo utilizado únicamente por mujeres, no deja de parecer sospechoso.

Si nos remontamos a los orígenes del hiyab, su uso era ya común en la cultura pre-islámica. Antes de la parición del profeta Mahoma en el siglo VII, se dice que las mujeres árabes gozaban de una posición social muy superior. Podían tener relaciones sexuales libremente, repudiar a sus maridos sin que ellos tuvieran un derecho análogo…
Al establecerse el islamismo, la cultura árabe establece un sistema patriarcal muy agresivo, y el velo se utiliza para distinguir a las mujeres sometidas a Dios de las esclavas y las prostitutas. Una forma, a mi juicio, que durante siglos les ha servido para asentar el régimen patriarcal, pasando por la manipulación de la mente de las propias mujeres, quienes portarían el velo como algo que las honra y purifica, en lugar de un símbolo de sumisión. Sencillamente, un engaño.

Volvemos a nuestro debate. ¿Podemos aceptar un símbolo que representa el sometimiento de las mujeres en la enseñanza pública?
Ese falso progresismo, apoyado en posturas románticas del respeto íntegro a otras culturas, –vulnere-los-derechos-que vulnere-, no debe hacernos caer en la trampa.
La religión islámica, por desgracia lleva consigo un lastre misógino del que tiene a mal librarse. Eso sí, sin que esto sirva de argumento para los que cuestionan y atentan continuamente contra el estado laico, en defensa del catolicismo obligatorio.

La aceptación del hiyab, supondría, además, una incoherencia por parte del sistema educativo, tras la decisión de implantar como medida la asignatura de “Educación para la ciudadanía”, que según tengo entendido, tiene entre sus objetivos, concienciar sobre la igualdad entre hombres y mujeres.
Si se impartiera tal asignatura en presencia de alumnas que portan símbolos del patriarcado, se confirmarían mis sospechas de que se trata de otro paso en falso, otra decisión demagógica y electoralista.
¿De que sirve memorizar determinados artículos de la constitución si no cambiamos nuestro día a día? ¿Si seguimos rigiéndonos por los mismos patrones?

Está es la conclusión: Digamos NO al hiyab para a favor de las libertades de las mujeres, de nuestras libertades.

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